Entrenamiento visual, entrenamiento invisible

Por Ricardo Río

Luke Skywalker, al ver a Yoda levantar su nave del pantano usando sólo la energía de su mente dijo: “¡No puedo creerlo!”. El Maestro Yoda respondió: “Y por eso fallas”.

A lo largo de mi carrera, tanto deportiva como de entrenador, he observado las profundas frustraciones que viven tiradores con excelsas condiciones físicas y técnicas. He podido observar cómo gran cantidad de tiradores invertían muchas horas a la semana disparando y disparando sin llegar a convertirse siquiera en tiradores de buen nivel dentro del ámbito de su propio club. Tenían excelentes equipos, disparaban con munición de primera y analizaban sesudamente todas y cada una de sus participaciones deportivas, sin embargo, nunca terminaban de concretar actuaciones respetables.

Muchos de estos tiradores analizan sus actuaciones tanto en entrenamientos como en competencias, pensando reflexivamente con una capacidad crítica destacable todas y cada una de las variables sistémicas que hacen del tiro un deporte sumamente complejo. En este punto debo subrayar que el sentido crítico y analítico es el camino correcto para formular juicios y ordenar lo conocido, articulando correctas estrategias de entrenamiento, sin embargo, estos tiradores parecen caer en la vorágine de la hipercriticidad sobreacentuando los análisis críticos de racionalidad cuestionadora sin llegar a los momentos que todo tirador debiera experimentar; los momentos de reposo en la excelencia de las técnicas verdaderas.

Antes de seguir con mis reflexiones quisiera demostrar que la excelencia de las técnicas verdaderas son inherentes a todas las disciplinas de tiro de tal modo que todo tirador, de cualquier disciplina o modalidad puede verse beneficiado potenciando su inteligencia psicomotriz aplicando la excelencia de las técnicas verdaderas.

Pierre Parlebas (2001) define a la Inteligencia Psicomotriz como la capacidad cognitiva, tanto de representación intelectual como de decisión estratégico – táctica, aplicada por el sujeto durante la resolución de una tarea corporal individual o deportiva. Esta inteligencia psicomotriz es mayor o menor de acuerdo a la cantidad de práctica y experimentación que un individuo haya tenido en un ámbito deportivo determinado. Ruiz Pérez (1994) señala que fue Howard Gardner en 1983 quien definió este tipo de inteligencia en particular como Inteligencia Cinestésico Corporal siendo esta la capacidad del individuo para aprender y realizar movimientos complejos con eficiencia. El mismo autor muestra que Newell y Barclay utilizan el término Conocimiento sobre las acciones al componente cognitivo que actúa durante el aprendizaje de acciones corporales y deportivas. El investigador Ruiz Pérez señala que las investigaciones de Thomas, French y Humpries demostraron que los niños y niñas que tenían mayor conocimiento intelectual acerca de las habilidades estratégico – tácticas específicas, demostraron mayor capacidad para tomar decisiones acertadas durante la competición.

Investigadores de distintos campos de conocimiento han demostrado que las habilidades que intervienen en el movimiento corporal y deportivo, en el desarrollo de técnicas deportivas complejas, parten de las conceptualizaciones intelectuales que son propias de la acción. Por ello las habilidades físicas y de movimientos, son en gran medida consideradas como habilidades mentales (Singer, 1986), (Grosser et.al., 1986), (Ruiz Pérez, 1994), (Ruiz Pérez y Sánchez Buñuelos, 1996), (Wilson, 2002), (Tamorri, 2004), (Rieder y Fischer, 1990), (Hermann y Zintl, 1991), (Torres, 2005), (Meinel y Schnabel, 1988), (Parlebas, 2001), (Piaget, 1973).

Entonces, ¿qué es lo que pasa con ese tirador que invierte gran cantidad de tiempo entrenando y no puede superarse? Si bien los diagnósticos pueden ser varios en el estricto marco del presente artículo podemos pensar que su rendimiento se ve acotado por que en sus entrenamientos hipercríticos se amalgaman ciertas circunstancias:

– Entrena obsesivamente depositando todas sus expectativas en su equipamiento. Cree que sólo por disparar con armas de última generación mejorará su rendimiento.
– Entrena copiando las posiciones, técnicas y estrategias de tiro de campeones reconocidos.
– Cree que el volumen de horas de entrenamiento le permitirá superar las tensiones de la competencia.
– Descree de sus aciertos y exacerba negativamente sus errores.

A todo esto le suma su cuota personal de pesimismo hipercrítico dejando de lado razonamientos maduros y realistas, camino que dejando de lado conocerse a sí mismo, lo distancia dramáticamente del verdadero arte de la excelencia en la precisión.

Estas circunstancias comunes a los tiradores que fracasan en su intento por superarse, en mi opinión, puede deberse a la constante circularidad negativa de sus propios pensamientos que no le permite observar que en realidad lo que deben hacer es potenciar su inteligencia psicomotriz aplicando la excelencia de las técnicas verdaderas desde adentro hacia fuera y no a la inversa pues entrenar con el mejor equipo no asegura buenos rendimientos. La clave es el tirador, no su arma. De nada sirve copiar las posiciones, técnicas y estrategias de tiro de campeones reconocidos pues cada tirador es único, y lo que le sirve a un campeón seguramente no le servirá a usted. Hay razones biomecánicas, psicológicas y estratégicas que muestran que aplicar modelos corporales externos es sumamente perjudicial para el rendimiento.

El volumen de horas de entrenamiento sólo mejora la condición física y técnica. Superar la presión de las competencias sólo se consigue compitiendo. Descreer de los aciertos y exacerbar negativamente los errores sólo perfora la confianza del tirador.

Al respecto el filósofo Eugen Herrigel (1996, 91) es contundente al afirmar “el arco, la flecha, el blanco y yo, estamos enredados de tal manera que ya no me es posible separar nada”. Esta frase encierra profundas implicancias epistemológicas para comprender la complejidad circular de hacerse con el elemento que utilizamos para nuestro deporte. En esta circularidad, asumir la complejidad implica un retorno a la simpleza que los momentos de reposo en la excelencia producen.

Superarse, también una cuestión de imagen (mental).

El múltiple recordman mundial y campeón olímpico de tiro, Lanny Bassham (1995), propone que para superarse deportivamente uno debe construir una imagen mental realista y positiva de sí mismo, a partir de la cuál sustentar rendimientos que tiendan a la excelencia.

¿A qué se refiere Lanny con esto? Este brillante tirador, al igual que muchos otros, ha utilizado las técnicas de visualización cognitiva como método de entrenamiento alternativo al entrenamiento real. Estos procesos de visualización son estrategias óptimas para producir estados de inmersión mental profunda en todas aquellas técnicas o estrategias que deseamos mejorar, de hecho, este el principio bajo el cual se utilizan simuladores de realidad virtual. Según muestran las investigaciones del Swiss Federal Institute of Technology – Lausanne la persona inmersa en espacios de realidad virtual se ve sometida a complejos mecanismos mentales que lo llevan a desarrollar habilidades emocionales y cognitivas que le permiten superar distintos tipos de fobias sociales (Herbelin, Vexo, Thalmann, 2002).

Cabe destacar que este proceso de inmersión no es exclusivo, necesariamente, de la realidad virtual (*). La inmersión, también, podemos vivenciarla al compenetrarnos en una lectura profunda, podemos sentirla ante la tensión psíquica y muscular que nos produce una película con alto grado de suspenso, o la profunda relajación que nos propone una melodía que nos remonte a recuerdos muy gratos. Cuando el entorno virtual tiene un interés narrativo tan fuerte, puede provocar un efecto muy intenso en nosotros. Así el término inmersión aplicado al entrenamiento utilizando imágenes es una representación metafórica para señalar la predisposición intelectual de sumergirnos en un mundo diferente al nuestro.

(*) Las técnicas de realidad virtual utilizan cascos, visores y guantes especialmente preparados para visualizar teniendo retornos sensibles al tacto o al olor en un entorno digitalizado por imágenes de síntesis. De esta forma, el usuario puede girar su cabeza y moverse en un ambiente completamente artificial al tiempo que tiene sensaciones prensiles en sus manos. Las simulaciones de realidad virtual son los ambientes de inmersión por excelencia, pues uno se encuentra sintéticamente digitalizado en un espacio de simulación. Sin embargo, según otros autores, las técnicas de realidad virtual y de inmersión subjetiva no sólo se evocan con estos elementos, sino que también pueden utilizarse otros medios informáticos interactivos tan accesibles como las computadoras hogareñas.

Antes que las actuales tecnologías surgieran, mirar un acontecimiento, reflexionar e interactuar con él a través de la visualización cerebral, ha sido una estrategia cognitiva para desarrollar habilidades práxicas. Todo movimiento, individual o técnico deportivo, necesita de una imagen mental que lo acompañe. Esta imagen, como modelo de movimiento, no necesariamente debe ser consciente, pues una vez observado y aprendido se guarda en los centros de asociación emocional y motora constituyéndose en una actividad cerebelosa y de los centros de decisión motora (Tamorri, 2004).

De hecho las imágenes mentales, son una información tan impactante en un proceso reflexivo, que la sola práctica mental genera cambios fisiológicos comprobables. Así lo demostró el fisiólogo Edmund Jacobsen al solicitarle a un grupo de atletas que se visualizaran corriendo. Estos deportistas, que se mantuvieron acostados durante la experiencia, comenzaron a observarse mentalmente a ellos mismos realizando gestos atléticos. Este fisiólogo observo, a través de su electro miógrafo, que los músculos participantes en aquellos movimientos imaginarios aumentaban sus niveles de contracciones específicas que, si bien eran pequeñas, resultaban mensurables científicamente. Esta serie de estudios llevo a comprender la importancia de las imágenes mentales, y sus representaciones, en procesos de aprendizaje deportivo.

De esta forma en Australia, se organizaron tres grupos de jugadores de básquet elegidos al azar que entrenarían durante veinte días. El primer grupo entrenó veinte minutos de tiros libres con pelota durante veinte días. El segundo grupo sólo entrenó lanzamientos con pelota el primer y último día. El tercer grupo entrenó igual que el segundo grupo pero, del segundo día al décimo octavo dedicaron veinte minutos diarios al entrenamiento de visualización mental. Los resultados se vieron de manera inmediata. El segundo grupo sin práctica no mejoró. El primer grupo con práctica real, y el tercer grupo con práctica mental lograron casi el mismo progreso.

Una de las teorías que explica las reacciones corporales demostradas por Jacobsen, es la teoría psiconeuromuscular. Esta teoría, también llamada efecto Carpenter es el movimiento muscular leve y preciso, provocado por imágenes mentales. Se ha demostrado que la activación muscular mensurada por electro miógrafos, durante la visualización de imágenes corporales en movimiento, tiene directa relación con la musculatura implicada en la ejecución real de dicho movimiento. Esta teoría sostiene que la representación anticipatoria de una acción, prepara al individuo para una respuesta acorde a las circunstancias. Estos procesos de información visual interna son los que aumentan los niveles de activación que favorecen la producción de un rastro mnésico. Por ello ante situaciones de inmersión emocional con imágenes mentales, estos procesos permiten anticipar fisiológicamente las reacciones deportivas adecuadas (Tamorri, 2004).

De esta forma podemos comprobar cómo a nuestros entrenamientos tradicionales podemos sumarles procesos de entrenamiento con imágenes mentales utilizando las técnica de visualización. Lanny Bassham mientras integraba el equipo competitivo de la Unidad Avanzada de Tiro de los estados unidos fue enviado durante seis meses a un centro de entrenamiento que tenía el polígono de tiro olímpico más cercano a 1.500 km. De modo tal que Lanny no podía entrenar regularmente como preparación para las pruebas clasificatorias para los juegos olímpicos de Montreal. Lanny utilizó como método de entrenamiento las siguientes estrategias.

Todos los días entrenaba durante 2 horas las posiciones de tiro en su cuarto realizando tiros en seco (disparaba con su arma descargada sólo percibiendo el golpe del percutor) contra una pared. Lanny sólo se preocupaba de mantener una posición firme, equilibrada y estática, al momento del disparo. Su entrenamiento era técnica pura.

Durante veinte minutos diarios se relajaba mental y físicamente en un ambiente tranquilo con los ojos cerrados. Utilizando imágenes mentales se visualizaba entrenando en un polígono olímpico real. En sus imágenes mentales se veía disparando como si una cámara externa lo estuviera filmando de modo tal que él podía “ver” externamente toda su posición de tiro. En esa visualización repetía mentalmente a través de imágenes todas y cada una de las fases técnicas que hacen a un tiro perfecto; tomar el arma, respirar serenamente, enfocar las miras, definir el blanco, mantener la respiración y finalmente, jalar del disparador con justa seguridad y firmeza. Luego de esto visualizaba el impacto sobre el blanco como si lo estuviera mirando a través de su telescopio. Lanny con esta técnica de visualización mental repetía a la perfección todas las acciones que hacen a un tiro perfecto. El resultado de esto fue que Lanny Basham participo de las competencias eliminatorias para esos juegos olímpicos no tan sólo ganándolas sino que estableció dos nuevos récords mundiales (no oficiales) sin haber disparado un solo tiro en un polígono en los seis meses previos a las pruebas.

Esto demuestra que los entrenamientos con imágenes mentales convierten a las visualizaciones en “trucos conceptuales técnicos y tácticos” que para el cerebro se muestran como reales.

Di el ejemplo de Lanny pero podría dar muchos más, en una entrevista a Schumaher él contaba que antes de cada carrera primero recorría el circuito trotando, luego en bicicleta, luego con un auto de calle y finalmente, recorría el circuito mentalmente conduciendo su Ferrari. En la carrera mental recordaba todos y cada uno de los lugares del circuito que había recorrido y establecía cuál era la mejor estrategia para sacar la mayor ventaja posible. Sólo subía a su Ferrari a recorrer el circuito luego de haber hecho el circuito completo varias veces mentalmente.

Greg Lugannis, el múltiple campeón de saltos ornamentales, repetía mentalmente el salto por hacer varias veces antes de subir a la plataforma. El se veía mentalmente a sí mismo saltando en la perfección, repitiendo una y otra vez cada una de las técnicas que le aseguraran el salto ideal.

Lamentablemente muchos atletas utilizan estas y otras técnicas pero nunca dan cuenta de ello sino hasta haber dejado de competir. Si bien no tengo ni el nivel ni la categoría de estos monstruos deportivos que puse como ejemplos, puedo decir que utilizo mucho este tipo de estrategias de entrenamiento cognitivo a través de visualizaciones mentales. Como tirador de competición me han dado excelentes resultados y he podido lograr excelentes rendimientos casi sin haber entrenado en polígono.

Por supuesto que este tipo de técnicas requieren de personas que estén convencidas que les servirá. De hecho este tipo de técnicas no es para todos, pues no todas las personas tienen características psicológicas que le permitan utilizar las imágenes como medios para administrar un entrenamiento cognitivo. Curiosamente uno de los críticos más severos de este artículo, seguramente será mi preparador psicológico el brillante psicoanalista Ricardo Antonowicz para quien estas técnicas no terminan de resolver los conflictos personales que pueden afectar al rendimiento de un deportista.

Es cierto, estas técnicas no los solucionan, sin embargo a mi me han dado excelentes resultados y como de resultados se trata, toda estrategia noble de entrenamiento es válida para alcanzar el máximo rendimiento.

Podemos concluir, analizando las palabras del maestro Yoda, que no sólo basta ver para creer sino que también, primero hay que creer en lo que se ve para potenciar toda la energía que ponemos en cada entrenamiento y en cada competencia.

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